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lunes, 5 de abril de 2010

¿A DONDE SE FUE LA FE?

Por: Inés Muñoz Aguirre
http://www.inesmunozaguirre.blogspot.com


Josefina descendió desde lo alto. Velozmente salió de su apartamento porque era Miércoles Santo. Decidió salir buscando una respuesta en un acto de fe. Después de cierto tiempo alejada del mundanal ruido, de todas esas cosas que a falta de solución se le vuelven incomprensibles. Josefina vivía dedicada por completo a su trabajo, porque cree que con él se construye una vida, una sociedad y hasta un país.
Mientras escuchaba a lo lejos cierta algarabía  llamó al ascensor que parecía tardarse un poco más que de costumbre. La angustia comenzó a generarle una gran inquietud  por salir de allí. Cuando ya estaba a punto de bajar en carrera escalón tras escalón, se abrió la puerta de una caja felizmente vacía. Finalmente llegó al portón, cruzó la reja principal y de pronto se encontró en medio de una gran cantidad de gente que caminaba hacia el final de la avenida, vela en mano. Uno que otro con largas túnicas moradas, uno que otro con pantaloncillo de playa y sandalias. Josefina supuso que se debía a la necesidad que tiene el venezolano de sentirse de vacaciones. Después de todo sólo basta que tengamos un día libre que sin importar la causa, nos despojamos de todo lo que significa la rutina y nos volvemos esencialmente playeros. ¡Cuestiones de tanto mar cercano! Y tanto cuidado que puso ella a su vestimenta, al punto de quitarse la franela de prolongado escote que cargaba, asumiendo que las mangas y el cuello alto pondrían de manifiesto el respeto a sus tradiciones. ¡Cómo puede irse al descubierto ese día triste en que se conmemora la crucifixión!
Pero allí estaba, en medio de una gran algarabía de rezos e insultos perfectamente mezclados. La Policía Municipal luchaba por evitar el paso de los carros hacia la procesión en que traían al Nazareno. Conos atravesados, bicicletas, radios en mano, nada era suficiente para evitar tanto insulto que saltaba alrededor. Nadie quería entender que debían desviarse dos cuadras. ¿Por qué? Preguntaban unos ¿Por qué si esa es la ruta a mi casa? Protestaban otros. ¡No me da la gana de esperar! Gritaban unos ¡Abusadores! Gritaban otros. Que hubieran habilitado una doble vía, parecía no ser una alternativa para nadie. La procesión seguía adelante, a punto de sortear el desafío lanzado por todos los que olvidaron que existe un Miércoles Santo. Un miércoles  que parece deslizarse buscando cobijo en tanta mirada desconcertada  y ante una Venezuela tan distinta a aquella a la cual pertenecieron los abuelos. Josefina corrió desesperada optando por encerrarse de nuevo en medio de sus cuatro paredes.

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